23 de febrero de 2026

VISITA CULTURAL A CÁDIZ

 

     Siempre que vuelvo a Cádiz, no puedo remediar recordar los años que pasé en mi época de estudiante. Dicen que son de los mejores años de nuestra vida. Será porque me cogió en plena juventud, y todo era nuevo para mí. Conocí nuevos compañeros, de diferentes lugares de la provincia, incluso de Huelva y Sevilla. Los profesores, la mayoría serios, de la antigua escuela, nos soltaban «la chapa» y se quedaban tan tranquilos, no había excusas, es lo que había.

    Siempre que vuelvo a Cádiz, recuerdo aquel tiempo en el que los trabajadores de Astilleros y el pueblo salían a las calles a defender sus puestos de trabajo. Eran tiempos convulsos, de transición democrática. Me coincidió el famoso 23-F del golpe de Tejero, fue «la noche de los transistores».  Cuando había manifestaciones por las calles y me cogía por medio, tenía que pasar corriendo, porque las piedras y las pelotas de goma se disparaban a uno y a otro lado.

    Siempre que vuelvo a Cádiz, recuerdo mi primer contacto con el carnaval, aquellas agrupaciones de finales de los 70, que cantaban en los bares y por las calles; o actuaban en las escaleras de la Facultad de Medicina, justo enfrente del Teatro Falla, cuando no pasaban a la final. 

    Siempre que vuelvo a Cádiz, recuerdo las veces que tuve que ir para entregar documentación relacionada con mi trabajo. Los meses que estuve trabajando, las prisas por los pasillos del hospital para atender a los pacientes. Las vueltas con el coche por las cercanías para poder aparcar.

    Siempre que vuelvo a Cádiz, y recorro sus calles estrechas, recuerdo el olor del suelo mojado al que apenas ha dado el sol, porque «en Cádiz no hace frío, en Cádiz hace humedad» y recuerdo dónde viví aquellos años. Aquellas salidas nocturnas para correr por el paseo marítimo o ir a las tantas de la noche a jugar un partido de fútbol a la Plaza San Antonio o a un Instituto cercano, después de llevarme horas estudiando.

     Ahora cuando vuelvo a Cádiz, paseo por sus calles, disfruto de su ambiente, ese ambiente de pueblo, de vecinos cercanos, que transcurre en una capital, donde la historia se mezcla con lo cotidiano, e incluso las piedras tienen algo que contar. El olor a pescaito frito, a vida en la calle. Vidas que han pasado por Cádiz durante más de tres mil años. Hoy vuelvo a Cádiz, dispuesto a aprender más de su patrimonio, y a adentrarme en su historia. 

    Y siempre que vuelvo a Cádiz, afloran en mí, recuerdos de juventud, recuerdos de estudiante, recuerdos de mi corta historia, una pequeña historia que se pierde en la infinidad de años que sobreviven en Cádiz. Y cuando me marcho de Cádiz, me voy recordando, pero también me voy pensando en el día que volveré.


Era el 22 de marzo de 2014, hace 12 años ya , cuando hicimos la visita a Cádiz del siglo XVIII.

En la siguiente foto, Alfonso (q.e.p.d.) con una de las guías de la visita teatralizada.



Foto de grupo en las escaleras de la Catedral.


Foto de grupo en la puerta del Oratorio de San Felipe Neri.


Volvamos a la actualidad... 18 de febrero de 2025.

En la Plaza de San Juan de Dios y en plena semana de Carnaval, nos esperaba Jesús, el guía que nos explicaría la historia de Cádiz.

      Cádiz está considerada la ciudad más antigua de Occidente (3000 años la contemplan). Su nombre proviene del fenicio y luego cartaginés  Gadir, pasando por Gades (nombre romano y visigodo), el nombre andalusí de Qadis, para terminar con el nombre cristiano y actual de Cádiz.

Vamos a describir y contar lo que conocimos este día...



Plaza de San Juan de Dios:

   Es del siglo XVI. En esta plaza se encuentran el Ayuntamiento, la Iglesia de San Juan de Dios y la Casa de los Pazos Miranda o Casa Amaya. Destaca en el centro de la plaza el monumento al político gaditano Segismundo Moret. Como es frecuente en las ciudades medievales, se construyó a extramuros e inmediata a una de las puertas de acceso, en este caso la Puerta del Mar, hoy Arco del Pópulo.




Al fondo de la imagen, el Arco del Pópulo (Puerta del Mar):

Por esa puerta se accedía a la zona portuaria. A principios del siglo XVII se construyó ante ella la Capilla de Nuestra Señora del Pópulo, que le ha dado ese aspecto de pasadizo que tiene en la actualidad.
El arco original se encuentra al fondo del pasadizo.



Arco de la Rosa: 

Es de la segunda mitad del siglo XIII. Es la antigua Puerta de Poniente de la Villa, una de las puertas de acceso a la ciudad, enclavada en las murallas del Cádiz medieval. Conecta el barrio del Pópulo con la Plaza de la Catedral. Está catalogado como Bien de Interés Cultural.




La Catedral de Cádiz:

La Santa y Apostólica Iglesia Catedral de Cádiz es la sede episcopal de la diócesis de Cádiz y Ceuta. Es de estilo barroco y neoclásico. Se empezó a construir en 1722 y se da por terminada el 28 de noviembre de 1838, aunque con obras pendientes, como el coro, el presbiterio y las torres.
Se construyó con dos materiales distintos a lo largo del tiempo, la piedra ostionera y la piedra caliza, lo que le da esa apariencia tan característica de dos colores en su fachada.






El Coro:





Dentro de la Catedral hay que bajar por unas escalerillas para dirigirnos a la Cripta, aquí se encuentran las lápidas de Manuel de Falla, José María Pemán y en la actualidad hay una exposición de Mystery Man.


Hasta el día 15 de junio de este año, se encuentra esta exposición. Es una escultura hiperrealista y volumétrica de Jesucristo, que recrea con minucioso detalle al Hombre de la Sábana Santa, fruto de años de investigación científica, antropológica y artística.

Completada esta visita nos dirigimos a ver el Museo de la Catedral, cerca de donde estábamos.

Desde la salida de la Catedral: al fondo la Iglesia de Santiago Apóstol, el punto de inicio del Camino de Santiago, el Km 0.



Salimos de la Catedral y muy cerquita se encuentra el Museo.

A la izquierda de la imagen, un aljibe. Justo enfrente, la Catedral Vieja, reconvertida en 
Parroquia de Santa Cruz, del siglo XVI-XVII


Museo de la Catedral: 

El Museo Catedralicio se encuentra en  la Casa de la Contaduría. Es el edificio blanco que vemos en la foto, su torre es la más antigua de Cádiz, aunque está reformada. Corresponde al minarete de una antigua mezquita.


Debajo del edificio, se encuentra esta calle medieval.



Este cuadro óleo sobre lienzo, se llama «Toma y Saqueo de la Ciudad de Cádiz por las tropas Anglo-Holandesas», de la primera mitad del siglo XVII.


Era el año 1596, y las tropas inglesas entraron y saquearon la Iglesia y la ciudad, despojándola de alhajas de oro y plata, llevándose prisioneros para su país.
Los que se quedaron inmediatamente celebraron la primera misa delante de esta cruz.





Relicario de la «Sacra Espina». De la primera mitad del siglo XVIII. En la parte central del círculo superior, se encuentra (según dicen) una espina de la corona que le colocaron a Jesús.


Custodia de Ana de Villa, de 1890.




El Teatro Romano:

También llamado Teatro de Balbo, se descubrió en 1980 en unas excavaciones arqueológicas destinadas a localizar el Castillo de la Villa. Hasta entonces, solamente se habían visto algunas de sus galerías interiores sin identificar a que edificio pertenecían. Fue mandado a construir por Lucio Cornelio Balbo el Menor en el siglo I a.C.




Foto de grupo en uno de los vomitorios del teatro.


Que quede un recuerdo del Carnaval...



Como punto y final, una explicación y la correspondiente foto de grupo, delante del Gran Teatro Falla.




Llamado Gran Teatro, porque el anterior se quemó en un grave incendio ya que estaba construido sobre madera. Este nuevo se construyó entre 1884 y 1905. El exterior es de ladrillo rojo y estilo neomudéjar. Su interior es de gran riqueza y colorido, siguiendo el estilo árabe español.
En él no solo se celebra el Concurso de Agrupaciones Carnavalescas, también es la sede del Festival de Teatro Iberoamericano y a lo largo del año, se ofrece programaciones, que incluyen conciertos, obras de teatro, música etc.

Terminada la visita, toca probar la rica gastronomía, además ya es hora de comer, de pasear por sus encantadoras calles, y asomarnos al Campo del Sur para coger un poquito de sol y admirar sus vistas.




A las 16 h. y ya sin guía, quedamos de nuevo en la Plaza de la Catedral para subir al Campanario. La subida fue cómoda ya que se sube a través de rampas, solo al final hay un pequeño tramo de escaleras. Ni que decir tiene que las vistas son espléndidas. El sonido de las campanas marcando los cuartos del reloj también lo escuchamos de cerca.



Tuvimos la suerte de ver al fondo en el horizonte, la Villa de Rota, incluso distinguimos algunos edificios, como el Hotel Playa de la Luz.





Bueno pues el toque de campana nos dice que hemos llegado al fin de la visita. Un poquito de descanso en una cafetería para luego dirigirnos a la parada y coger el autobús dirección Rota.

NOS VEMOS EN LA SIGUIENTE RUTA



 

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